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Miércoles, 13 de diciembre de 2006
La AEU considera que el uso de la electricidad puede llegar a restaurar esta función pero, asegura, requiere mucho tiempo y la colaboración del paciente
La estimulación eléctrica ayuda a tratar la incontinencia de orina  

Mujer mayor cultivando plantas.
La incontinencia urinaria deteriora significativamente la calidad de vida de quien la padece.
(azprensa)
“La estimulación eléctrica ha supuesto un importante avance para el tratamiento de la incontinencia de orina, en los casos en los que el paciente no responda a la medicación ni a los ejercicios de rehabilitación de la musculatura de la pelvis”, explica el doctor José Luis Ruiz Cerdá, adjunto del servicio de Urología del Hospital La Fe de Valencia y miembro de la Asociación Española de Urología (AEU). Según este experto, el valor terapéutico de la electricidad tiene su base en el hecho de que el sistema nervioso se comunica mediante señales eléctricas de forma natural. “Los estímulos sensoriales, la integración neuronal y la respuesta motora están mediados por señales eléctricas. El fenómeno se produce de forma natural en el cuerpo humano. De ahí la idea de aplicar impulsos eléctricos para modificar el comportamiento de un determinado sistema neuronal alterado”.

La mayor incidencia de la incontinencia de esfuerzo se produce en la etapa de la menopausia, como consecuencia de la pérdida de firmeza en la musculatura del suelo pélvico después de dar a luz. Se estima que entre un 8 y un 12 por ciento de las mujeres de mediana edad la padecen. Además, se calcula que, aproximadamente, la mitad de las mujeres tendrán un problema de incontinencia en algún momento de su vida. De hecho, más del 8 por ciento de las mujeres con edades comprendidas entre los 35 y los 50 años ya ha tenido algún episodio de incontinencia. A partir de los 55 años este porcentaje se incrementa hasta alcanzar un 12 por ciento. Este repunte se debe a que en la fase menopáusica el déficit de estrógenos disminuye la presión en la uretra y favorece la incontinencia que ya existía previamente. Superados los 65 años, el riesgo de incontinencia se iguala por sexos, estimándose que más del 15 por ciento de los ancianos padece este trastorno.

Fortalecimiento de la musculatura

El tratamiento de la incontinencia de orina de esfuerzo es fundamentalmente quirúrgico. Sin embargo, “fortalecer la musculatura del suelo pélvico y rehabilitarla es un aspecto esencial para curar la incontinencia”, considera este especialista. El fortalecimiento de la musculatura se realiza mediante ejercicios físicos específicamente diseñados para el entrenamiento del suelo pélvico. Otra forma de estimular y fortalecer esta musculatura es mediante estímulos eléctricos, técnica que se realiza a través de aparatos de estimulación eléctrica en forma de sondas anales o vaginales que producen corriente eléctrica.

A diferencia de la incontinencia urinaria de esfuerzo, la incontinencia urinaria de urgencia tiene un abordaje conservador, según el doctor Ruiz. La mayoría de pacientes se tratan con fármacos anticolinérgicos y el porcentaje de buena respuesta depende del tiempo de seguimiento considerado. A corto plazo, los resultados positivos pueden ser elevados, pero a largo plazo no superan el 40 por ciento. “Entonces, indica este experto, los pacientes bien se resignan a convivir con su problema o siguen buscando alternativas dada su pobre calidad de vida”. Para los casos severos o refractarios está indicada la estimulación eléctrica.

“El uso de la electricidad en la incontinencia urinaria de urgencia es una alternativa a intervenciones quirúrgicas más agresivas. Actúa directamente sobre los reflejos de la micción. Por ese motivo, puede llegar a restaurar la función perdida. A cambio su aplicación requiere, además de tiempo, mucha dedicación y experiencia por parte del profesional y cooperación por parte del paciente”, explica este urólogo.

Técnicas eléctricas

Frente a los tratamientos convencionales, la neuromodulación o estimulación eléctrica es una técnica no agresiva y completamente reversible capaz de corregir, mediante impulsos eléctricos, el comportamiento de un determinado sistema neuronal alterado. “El único requisito para su implantación es que estos pacientes se muestren neurológicamente normales, ya que los impulsos se transmiten a través de los nervios” e
 

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