Los analgésicos y ansiolíticos están en la cima de la lista de medicamentos empleados con fines lúdicos.
Fármacos para pasárselo bien
Los elementos que hacen sospechar a los profesionales sobre un posible consumo irregular son: una preocupación mayor por el medicamento que por la enfermedad, no presentar receta o falsificarlas, comprar grandes cantidades o una demanda reiterada.
(azprensa) El Observatorio de Medicamentos de Abuso (OMA) ha presentado un estudio que revela que los analgésicos y ansiolíticos son los fármacos de los que se hace un mayor uso lúdico, siendo la codeína y el metilfenidato los principios activos más consumidos con esta finalidad: en un 21 y un 11 por ciento respectivamente.
El director de la OMA, Rafael Borrás, informó de estos resultados en la segunda jornada de INFARMA 2007, y dijo que existen muchísimos medicamentos en los que, además de su uso terapéutico, mucha gente busca en ellos elementos lúdicos y recreativos, y conlleva “un consumo abusivo”.
Borrás destacó que la ketamina es un anestésico "muy seguro" si se usa dentro de las indicaciones y dosis adecuadas pero que, en altas cantidades, puede tener efectos secundarios "muy peligrosos y llegar a generar una gran dependencia". Otra sustancia utilizada es el del cloruro de etilo, que se usa como anestésico local pero que si se aplica en la ropa y se esnifa "puede colocar, provocando euforia y alucinaciones".
En otros casos la sustancia se ingiere con una finalidad diferente a la que está prescrita como el misoprostol, un protector gástrico, que en dosis elevadas se utiliza como abortivo, una práctica habitual en países de Sudamérica y que también está llegando a España.
Por otro lado, el perfil mayoritario de esta tipología de consumidor es la de un hombre entre 25 y 45 años, algo que hace que su detección "suela ser complicada". Los elementos que hacen sospechar a los profesionales sobre un posible consumo irregular de estas sustancias son una preocupación mayor por el medicamento que por la enfermedad, no presentar receta o falsificarlas, comprar grandes cantidades o que se produzca una demanda reiterada.
En este sentido, Rafael Borrás señaló la importancia de concienciar sobre este problema y aumentar el control de los fármacos especialmente de aquellos que se pueden obtener sin receta, ya que pueden ser "igual de peligrosos que otros de prescripción médica".