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Estudios en ratas muestran como en un sitio del cerebro se lleva a cabo la relación de dependencia con las drogas. |
(azprensa) Investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Chile en Santiago han identificado una región del cerebro, la corteza insular, que participa en el deseo de consumir drogas en ratas adictas a las anfetaminas. Si estos descubrimientos, publicados en la revista "Science", fueran aplicables a los humanos se podrían desarrollar terapias para tratar la adicción a los fármacos y ciertos efectos secundarios de los fármacos sobre el comportamiento.
En una segunda prueba, los científicos inyectaron a las ratas un fármaco de litio que estabiliza el estado de ánimo para provocar las molestias y el malestar que el litio y otros medicamentos pueden causar. Al administrar el litio a los animales, éstos se echaron sobre la barriga, lo que mostraba su malestar, sin embargo, cuando el fármaco se administró tras bloquear las señales a la ínsula, las ratas se comportaron de forma natural.
Según Fernando Torrealba, coautor del trabajo, "esto nos demostró que la corteza insular no sólo informa al resto del cerebro sobre el deseo, sino también sobre las señales de malestar gastrointestinal, y que esta información sobre los estados corporales puede orientar el comportamiento". El investigador señala que dado que esta región sirve para percibir las necesidades corporales y emociones, puede ser una estructura clave en la toma de decisiones, al informar a la corteza prefrontal ejecutiva sobre nuestras necesidades, como en el caso del abuso de drogas.
Los planes del equipo científico para el futuro incluyen evitar este deseo de consumir drogas durante periodos prolongados de tiempo y aliviar otros mecanismos de malestar y dolor.
Acerca de la Corteza Insular
La corteza insular o simplemente ínsula es una estructura del cerebro humano. Se encuentra ubicada profundamente en la superfice lateral del cerebro, dentro del surco lateral (cisura de silvio), que separa las cortezas temporal y parietal inferior. Estas regiones corticales superpuestas se conocen como opercula; parte de los lóbulos frontal, parietal y temporal forman una opércula sobre la ínsula, por éllo la ínsula no es visible en la cara externa del cerebro y queda cubierto por las estructuras citadas.
La corteza insular, especialmente su porción más anterior, está relacionada con el sistema límbico. La insula se está convirtiendo en el foco de atención por su función en la experiencia sujetiva emocional y su representación en el cuerpo. Antonio Damasio ha propuesto que esta región empareja estados viscerales emocionales que están asociados con experiencia emocional, dando cabida a los sentimientos de consciencia. En esencia ésta es una formulación neurobiológica de las ideas de Willian James, que primero propuso que la experiencia subjetiva emocional (sentimientos) emergen desde la interpretación de los estados corporales que son elicitados por sucesos emocionales. Éste es un ejemplo de pensamiento formado.
Funcionalmente hablando, se piensa que la insula procesa la información convergente para producir un contexto emocionalmente relevante para la exepriencia sensorial. Más específicamente, la ínsula anterior está más relacionada al olfato, gusto, sistema nervioso autonómico y función límbica, mientras la ínsula posterior está más relacionada a funciones somáticas motoras. Experimentalmente se ha demostrado que la ínsula juega un importante papel en la experiencia del dolor y la experiencia de un gran número de emociones básicas, incluyendo odio, miedo, disgusto, felicidad y tristeza.
Estudios funcionales con imágenes han también demostrado que la ínsula está implicada en deseos conscientes como necesidad de domida o necesidad de droga. Lo que es común con todos estos estados emocionales es que cada cambio en el cuerpo es asociado con cambios cualitativos en la experiencia subjetiva. La ínsula está bien situada para la integración de información relacionando estados corporales en procesos emocionales y cognitivos de orden superior. La ínsula recibe informac
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