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Antonio Mateu, farmacéutico y miembro de la ONG Juan Ciudad cooperante de Farmacéuticos Mundi 
“El primer mundo siempre ha vivido a costa del tercer mundo” 
( por Escusa, M.. Periodista.)
Fecha última actualización: 25/10/2002
Este valenciano lleva trabajando siete años por la mejora del sistema sanitario en Liberia y Sierra Leona 
Antonio Mateu no empezó a soñar con África cuando eligió la especialidad de Farmacia como futuro profesional. Por aquel entonces prefería colocarse la bata blanca y navegar entre las mil y una sustancias de un laboratorio; la actividad diaria de un farmacéutico en la venta de medicamentos no le gustaba, y por eso se decantó por el ejercicio de la farmacia galénica. Después de pasar por el Colegio de Farmacéuticos de Valencia, terminó trabajando para un laboratorio en el control de calidad de los medicamentos. La empresa le mandó de viaje de trabajo a Togo, donde empezaría a girar la ruleta de su vida. Entrar en contacto con un hermano de La Salle que le enseñó diversos proyectos de cooperación le hizo repensarse su vida. Se dio cuenta de que allí hacía falta mucha ayuda, y de que su trabajo era también necesario. Con un brillo y mucha profundidad en los ojos, Antonio Mateu es tajante cuando afirma: “A partir del viaje a Togo, encaré todo mi trabajo hacia el nuevo objetivo: volver a África”.

Antonio Mateu trabajando
Antonio Mateu trabajando en el Hospital de Lunsar, en Sierra Leona, justo después de un saqueo.
Antonio Mateu tiene 51 años y muchas cosas que contar. Este farmacéutico nació en Picanya, un pueblo de Valencia que se ha convertido en cómplice de lsu vida. Aún así, su corazón está dividido entre su tierra y su otra tierra, África, por la que lleva trabajando siete intensos años con el objetivo de ayudar a construir una nueva realidad para el continente.

Mateu trabaja en colaboración con la ONG Juan Ciudad, en la cual está luchando, codo con codo, con la orden religiosa San Juan de Dios por reestructurar el sistema sanitario en Liberia y Sierra Leona. Han sido siete años de trabajo, un largo período de tiempo en el que Antonio Mateu ha sido víctima de un secuestro (Sierra Leona, 1998) y muchos sustos. Sin embargo, ahora es un auténtico conocedor de la realidad africana y en su mente no está dejar su trabajo en un continente que adora.

P: Es farmacéutico de formación, pero una vez en África, ¿es suficiente?

“Allí nunca es suficiente; tienes que estar capacitado para todo y hacer de todo. Hice un curso de medicina tropical y los tres años que llevo en Liberia he trabajado en el centro de salud de New Kru Town, un barrio muy empobrecido. Ahora, cuando he vuelto a Sierra Leona, en Lusar, he contribuido a rehabilitar el hospital, he trabajado en el laboratorio, e incluso de albañil, de pintor...Tienes que hacer de todo. No puedes decir “soy farmacéutico”, ponerte la y trabajar solamente en eso. Cuando estás allí, trabajas y colaboras en todo lo que puedes”

P: Los africanos, cuando llegas, ¿cómo te ven?

“No puedo decir cómo te ven. Ellos miran el resultado de lo que tú les estás dando, y en función de ello te van a exigir. Por el hecho de ser blanco, ellos presuponen que tienes que poseer un nivel adquisitivo alto. Pero cuando ven que tu vida es la de trabajar como cualquiera de ellos, te aceptan como a uno más. En esos momentos te ven como un igual; entonces eres una persona que está trabajando con ellos y para ellos. Ahora bien, tienen sus costumbres, su parte ancestral en la cultura que debes respetar por completo y mantenerte un poco al margen”

P: ¿Le atrae su cultura?

“A mí me encanta su cultura, su arte, todo su mundo y sus costumbres. Soy un enamorado en ese sentido de África. He estado muy metido dentro del mundo de la pintura y el arte en España, y le diré el arte occidental ha bebido mucho del arte africano. Incluso los grandes pintores ya desaparecidos han aprovechado muchas cosas del arte africano, de su música y de sus pinturas. En todos los sentidos el primer mundo ha vivido a costa del Tercer Mundo”

P: Ellos, ¿cómo se ven a sí mismos ahora?¿Tienen esperanza?

“Sí, están trabajando por ellos mismos. Estos tres meses que he estado en Sierra Leona, he visto que tienen programas y proyectos, pero les falta poder adquisitivo para muchas cosas. Por ejemplo, la orden religiosa de los Josefinos, imparte clases de formación profesional, de fontanería, albañilería, cultura, etc. Y les suministran herramientas para cultivar arroz y la semilla del arroz para su propia subsistencia. Esta planificación agrícola también se aplicará a las legumbres y otros bienes de primera necesidad.
Hay que enseñarles a pescar y a que hagan el anzuelo, no darles el pescado hecho. Eso no es positivo ni se debe de hacer, ni en la alimentación ni a nivel sanitario; dar la medicación gratuita no es positivo, hacer una intervención quirúrgica gratuita no es positivo. Por lo menos que valoren un poco lo que a nosotros nos cuesta movernos desde aquí y conseguir proyectos.

Los proyectos para África son más difíciles de aprobar y ejecutar que en Sudamérica. Está claro que ésta es una región cuyo descubrimiento se hizo prácticamente en la misma época, pero la evolución de la gente y el desarrollo mental ha sido más elevado que en el caso africano. La razón de esta preferencia reside en intereses de todo tipo, que han llevado a desear que esta población no piense más. Pero hay que enseñarles eso: que tienen que hacer el anzuelo y aprender a pescar”
 

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