Diferencias entre Norte y Sur. Un abismo con solución
El Sida, en veinte años, se ha convertido en la mayor amenaza para cualquier población. Pero mientras en los países industrializados los avances médicos consiguen una mejora en la calidad de vida de los enfermos, sólo un 5% de la población de los países subdesarrollados tienen acceso a los medicamentos que podrían prolongar y dignificar su vida.
Hablar de Sida es hablar de derecho a la salud, de derecho a la vida. Ambos son derechos reconocidos como fundamentales por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esto es algo que no debiera estar condicionado por el lugar de nacimiento de la persona. Sin embargo, en lugar de crear soluciones, se crea una abismal distancia entre los dos mundos, que supone la eterna condena de los más vulnerables. Ironías de la vida, la población con más elevados índices de infectados no merece la atención suficiente por parte de la Comunidad Internacional, aparentemente resignada a enunciar un sinnúmero de proyectos estériles.
Voluntario de Médicos Sin Fronteras, atendiendo a un enfermo de SIDA en Africa
El Sida continúa siendo la principal causa de mortalidad en ciertas zonas del mundo. Aquellas zonas en que el Sida se ha convertido casi en una enfermedad olvidada las cifras resultan escandalosas. Actualmente hay 40 millones de infectados, las tres cuartas partes se encuentran en los países en desarrollo. Más de dos millones son niños, y entre los seis millones de personas que requieren un tratamiento urgente, sólo 230.000 personas lo reciben.
En las últimas décadas ha aumentado la esperanza de vida. No así ha ocurrido en los países en vías de desarrollo en que los efectos devastadores de la enfermedad no dejan de producir estragos en la población
Datos de una realidad injusta
El Sida es concebido como la epidemia sin fronteras. Sin embargo, parece sencillo colocar todo tipo de barreras a la hora de aportar soluciones que igualen las condiciones de vida de los infectados en cualquier rincón del mundo. Más sencillo que traducir los mil y un esfuerzos dialécticos en cifras cargadas de esperanza, y no sólo para unos pocos. Todavía están por comprobarse los efectos del IX Congreso Internacional de Sida celebrado en Barcelona.
Las previsiones no son más halagüeñas. Mantener una actitud positiva, frente a la pandemia que azota con fuerza a la humanidad, resulta la mayor de las proezas. Se espera que si se mantiene la situación actual, en los próximos veinte años sean 70 millones los infectados por la epidemia, según los expertos. Frente a esto, los tres millones de muertes registradas el pasado año no dejarían de ser anecdóticas.