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Los resultados recomiendan plantear una mayor investigación, más medidas de prevención y promoción de la salud |
(SINC. Servicio de Información y noticias Científicas.) David Sánchez-Teruel, investigador de la Universidad de Jaén, ha realizado dos investigaciones sobre tentativa suicida, relativos al periodo comprendido entre 2008 y 2010.
Los datos, recogidos en la provincia de Jaén, muestran la necesidad de establecer protocolos sanitarios de prevención en España, lo que supondría “hacer una detección precoz de la conducta suicida, con medidas baratas y muy eficaces”, afirma el científico.
Los resultados recomiendan plantear una mayor investigación, más medidas de prevención y promoción de la salud en la provincia, planteando la urgente necesidad de protocolos de urgencias, “científicamente validados, en tentativas suicidas, como fase previa a conductas más letales”, explica.
Sánchez-Teruel señala que los motivos de las tentativas de suicidio están “culturalmente modulados”, ya que “en nuestro contexto son básicamente por relaciones personales, algunos por cuestiones económicas y otros por trastornos psicológicos o adictivos".
Respecto al desempleo, parece que la pérdida reciente del empleo constituye un factor de riesgo más importante para el intento suicida y el suicidio consumado que una situación de desempleo más larga. Pero esto no es lo mismo, para todas las provincias, ni tampoco para las comunidades autónoma y menos aún según países”.
Los resultados obtenidos en el primer análisis –con una muestra de 400 personas– muestran que el grupo de personas que hizo alguna tentativa suicida en la provincia de Jaén era en un 65,25% mujeres y en un 34,75% hombres, de entre 24 y 53 años de edad –ambos sexos–, que utilizan métodos de suicidio muy concretos –ingerir tóxicos y autoherirse–. Según el estudio, en su mayoría elige el verano y el otoño, a mediodía y normalmente los últimos días del mes para la realización de sus tentativas.
El autor explica que las actuaciones sanitarias, tras una tentativa suicida eran, en su mayoría “dar el alta médica, después de la aplicación del protocolo de urgencias para curar o salvar su vida”. Por este motivo, su estudio puso en evidencia la necesidad de realizar protocolos sanitarios de prevención e intervención, “adaptados a las características de las personas que han realizado una conducta suicida o presentan riesgo de realizarla”.
Para Sánchez-Teruel, se hace imprescindible la formación de profesionales sanitarios –enfermeros, médicos, psiquiatras, psicólogos clínicos– para manejar a estas personas, porque “muchas veces se actúa de forma intuitiva y sin pautas preventivas eficaces avaladas científicamente”.
Diferencias en las variables psicosociales
En cuanto al segundo estudio, se trataba de detectar si existen diferencias significativas entre las personas participantes en varios tipos de variables: psicosociales –apoyo social, optimismo, autoestima, control de impulsos y habilidades sociales–, emocionales –desesperanza, depresión– y de tipo cognitivo –estilo atribucional–. El método empleado consistió en seleccionar a personas con y sin tentativas suicidas.
Posteriormente se las dividió en tres grupos –con alta ideación y tentativa; con alta ideación sin tentativa, y sin ideación ni tentativa suicida–. Los resultados obtenidos mostraron que existen importantes diferencias entre los grupos en las variables psicológicas medidas.
Los hallazgos más importantes revelan que las personas que tenían ideas de suicidio y habían intentado suicidarse, en relación con las personas sin tentativa suicida y/o sin ideas de suicidio, presentan menores niveles en las variables psicosociales, mayores puntuaciones en variables emocionales, así como diferencias en el estilo atributivo –variable cognitiva–.
“Estos resultados parecen indicar que las variables psicosociales podrían modular el hecho de que una persona que tiene ideas de suicidio finalmente materialice la tentativa, lo que hace suponer que si una persona presenta alta ideación suicida, la regulación terapéutica en estas variables, en el momento en el que se detecte la existencia de ideación, puede ayudar a evitar que esta persona en un futuro realice un intento de suicidio, sobre todo, dentro del primer año después del inicio de la ideación suicida”, puntualiza.
Sin embargo, Sánchez-Teruel manifesta que no se realizan mediciones estandarizadas de ninguna de estas variables en los protocolos sanitarios de urgencias, derivando al paciente a su centro de salud o a su domicilio tras la intervención sanitaria de las lesiones físicas.
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